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(Fragmento de la novela La fuga. Fondo de Cultura económica. México, 2007. Fotografía: Enrique Bordes: Maestros reprmidos en el DF 1957)
Si dijera que soy un hombre de 52 años me dirían posiblemente que no me preguntaron ni mi edad ni mi sexo
Si dijera que soy un ex-preso político me dirían tal vez que no me preguntaron en donde estuve los últimos diez años
Si dijera que fui un hombre del monte me dirían que no me preguntaron a qué me dedicaba o por qué fui encarcelado
Si dijera que soy pintor podrían decirme que no me preguntaron qué hice detrás de los muros, y con eso me bastaría para no decir que ahí también hice algunos poemas, ensayos y un libro
Si dijera que soy un luchador social tal vez me dirían que no me preguntaron a qué me dedico ahora que sólo me encierran los mismos muros que a todos
Por eso es que hoy no se qué decir más que yo soy Yo.
Y que soy libre,
Y quiero ser viento y rehacerme como él pasadas las rejas.
«Creo que debemos reflexionar y que debemos escuchar a los jóvenes», aseguró, al ser interrogado acerca del debate abierto, en círculos intelectuales cubanos, sobre la tendencia existente en sectores de la juventud de la Isla a emigrar, a la indiferencia, al dejar hacer. Sobre ese y otros temas conversamos en sus estudios Ojalá.
«Lo primero que podría decir es qué bueno que hay un debate, que sea un tema que trascienda, y que se está ventilando públicamente y que no nos estamos escondiendo para decirlo», apuntó, tras señalar que «no es un tema nuevo, es un tema viejo, lamentable y dolorosamente viejo, que ahora estamos ventilando».
El pasado 14 de febrero, la doctora Grazziella Pogolotti escribió en el diario Juventud Rebelde «que el enrarecimiento del diálogo necesario (con los jóvenes) puede tener consecuencias muy negativas». «Los jóvenes de hoy recordó- son los hijos del Período Especial. Conocieron de cerca la penuria material, el aumento de las desigualdades, el deterioro de la educación, la crisis de los modelos de conducta en el entorno familiar y en el medio social a su alcance».
En ese sentido Silvio Rodríguez consideró que hay que analizar «por qué los jóvenes no están a la altura de lo que nosotros queremos». «¿Estamos queriendo demasiado, estamos pidiendo demasiado de ellos?», se preguntó, y agregó: «Lo más fácil es decir que los jóvenes ya no son como nosotros soñamos que debían ser».
«Hay que reflexionar, analizar» por qué muchos jóvenes cubanos «tienen como única aspiración emigrar», dijo, y opinó que de ese análisis «tiene que salir un crecimiento y un beneficio, no para los viejos, sino para los jóvenes, que son, en definitiva, los que lo merecen».
(Cita del pensamiento de Monseñor Romero tomadas de La haine marzo de 2009)
Entonces surgen otras preguntas: ¿quién más tiene derechos sobre mí o mi cuerpo? ¿En qué momento soy responsable de mi cuerpo o de mi? Según sea el caso, ¿a qué edad puedo hacerme responsable de mí o de mi cuerpo? ¿de mi placer o de mi dolor? ¿Puedo revelarme contra quien quiere abusar de mi cuerpo? Preguntas que no contestaré, al menos por el momento.
Por otro lado si asumimos que el cuerpo soy yo o yo soy el cuerpo entonces esto tiene una cualidad diferente y mayor carga afectiva y ética. Si partimos de que el cuerpo es todos sus componentes o subsistemas, comenzando por las células, los tejidos y los órganos que forman, así como las sustancias que permiten su funcionamiento, entonces son parte del cuerpo todas las miles de millones de interconexiones de la red neuronal del cerebro junto con su actividad química y eléctrica y por lo tanto de los neurotransmisores que existen en el cerebro y su relación con el comportamiento. Por lo tanto, los pensamientos así como los comportamientos -aunque construidos socialmente- están constituidos de sustancias químicas y actividad eléctrica, por lo que también forman parte del cuerpo, por lo que podemos decir que yo soy mi cuerpo o mi cuerpo soy yo, es decir es la misma cosa. Aquí quedan pendientes otras discusiones, por ejemplo: ¿en qué momento el cuerpo deja de ser sólo un montón de células para convertirse en un ser humano? O la discusión para las personas que creen que existe una estructura no material del ser humano, esto es un alma.
Una vez establecido que cuerpo y persona es la misma cosa podemos discutir sobre el concepto «mi cuerpo». Un problema que existe es el uso del adjetivo posesivo «mi» que precisamente denota la propiedad, de algo o de alguien, no sé si exista alguna cultura donde no se utilice ese tipo de adjetivos para las personas, al referirse a mi hija, a mi esposa y en este caso a mi cuerpo. Y digo que es problema porque en este caso el adjetivo «mi» no debería significar propiedad sino debería tener otra calidad, esto es debería significar que es relativo a uno o está relacionado con uno y ,en el caso de las personas, debería significar que está al cuidado de uno, o unido en una relación afectiva a uno.
Entonces los hijos, las mujeres, los hombres y los cuerpos no serían considerados propiedades sino que están en relación con otro o con uno mismo y que están bajo el cuidado de otro o de uno mismo. Con esta idea, un hijo está bajo el cuidado de los padres y estos tienen que protegerlo y dotarle de amor y coraje, rebeldía y todo lo necesario para su desarrollo; lo mismo pasa con el cuerpo que en este caso es uno mismo.
Entonces uno mismo se tiene a su cuidado y protección y nadie puede tocarlo, maltratarlo o decidir sobre él, el único que tiene derecho a decidir sobre su cuerpo o en este caso sobre el cuerpo es uno mismo.