![]() |
|||||||
| Portada | Proyecto El Zenzontle | Contáctanos | Lecturas Recomendadas | Poder Popular | Galería Z | Medios Alternativos | Archivo |
Tina, fotógrafa italiana, ha sabido penetrar muy a fondo México adentro, en los pocos años que lleva aquí. Sus fotografías ofrecen un espejo de grandeza a las cosas simples de cada día y a las sencillas gentes que aquí trabajan con las manos.
Pero ella es culpable de libertad. Vivía sola cuando descubrió a Mella, mezclado en la multitud que manifestaba por Sacco y Vanzetti y por Sandino, y se unió a él sin boda. Antes había sido actriz en Hollywood y modelo y amante de artistas; y no hay hombre que al verla no se ponga nervioso. Se trata, por lo tanto, de una perdida –y para colmo extranjera y comunista. La policía difunde fotos que muestran desnuda su imperdonable belleza, mientras se inician los trámites para expulsarla de México.
Cristina Bottinelli*
(…) La guerra psicológica es una guerra no declarada, opera con armas invisibles y busca vulnerar a toda la sociedad; sin embargo, es selectiva: las organizaciones civiles son los actores y los blancos, no se usan armas visibles, por lo que las organizaciones son altamente vulnerables.
La guerra de baja intensidad (GBI) es el uso planificado de cualquier forma de comunicación, diseñada para afectar la mente y las emociones de un enemigo dado, un grupo extranjero, neutral o aliado, para el logro de un objetivo táctico es ganar mentes y corazones (emociones).
Según el manual de GBI-EUA, el objetivo de la guerra psicológica es la victoria política, y además sostiene: que ocupamos un país si nuestros aliados nos lo van a entregar. El mejor tirador es la TV.
Las guerras de baja intensidad son de desgaste y duran mucho tiempo. El objetivo no es tomar el territorio físico, sino el territorio emocional, neuronal, pedazos de estructura psíquica. Los efectos son: estrés, cansancio, fantasías de mártires o héroes (nos desgastamos solitos, hacemos trabajo gratis para el enemigo). Debemos tomar en cuenta que los tiempos políticos son muy largos.
En las regiones en conflicto, hay presión y ataque selectivo. Se asusta con la fantasía: «Te voy a matar, a invadir, a eliminar si sigues defendiendo derechos humanos.» Y pensamos: ¿Cuándo me va a tocar a mí? Se juega una guerra de nervios.
Es muy importante amarnos para poder amar, y debemos tener cuidado primero con nosotros mismos para poder servir a otro. De esa forma podemos reforzar nuestra mente y corazón, que es lo que nos quieren ganar. En Chiapas está habiendo cansancio, hambre, división, mal humor, deserción, porque no han podido descansar.
El miedo es algo natural y es una señal de alarma. Está mediado por la adrenalina, que secretamos por las glándulas suprarrenales. Cuando hay una situación de peligro, nos prepara para el ataque o la fuga. Si rebasa ciertos límites puede paralizarnos, y si se acumula, es capaz de quitarnos la vida.
Declarar «no tenemos miedo» sería una mentira. Es tan absurdo como decir que no tenemos riñones. Es preciso encontrar las maneras de utilizar parte de nuestra estructura física y mental para convertir esta energíaen creatividad. Tenemos una cultura donde las emociones naturales, como el miedo, el coraje, etc., son tomadas como negativas. ¡qué hacer con técnicas psicológicas para restaurar esto?
Algunas propuestas e a esta pregunta señalan:
• No pensar en lo macro sino «hacer «trabajo de hormiga». Estamos descartando un nivel energético hacia otros lados. Hacer acciones concretas, pequeñas, en contra del enemigo.
• Debemos tener espacios de reelaboración del miedo, para que se canalice, se hable, etc., pues, de no hacerlo, se somatiza: úlceras, infartos, trastornos de piel, etc.
• Cuando ya hay una acumulación permanente del miedo, se puede dar un agotamiento de los órganos somáticos y psíquicos. Podemos fundirnos o «tronarnos». Cuando llegan aquí las personas de Chiapas, se les atiende con un trabajo de grupos de autoayuda, masajes, autoconocimiento y acupuntura.
• Hay que hacer grupos de creatividad, para rescatar los viejos métodos de lucha y crear nuevos. Esto es una claro ejemplo de lo emocional, lo personal, y político. Debemos cuidarnos en lo personal, emocional, salud mental y física. Muchas veces anteponemos todo lo colectivo y nos inmolamos en la causa. Piénsese en cuántos cuadros «tronados» de las organizaciones no gubernamentales.
*Este fragmento pertenece al capítulo II del mismo título de Herederos y protagonistas de las relaciones violentas. Ed. Lumen, Argentina,. 2000. Es uno de los libros de Cristina Bottinelli, sicoterapeuta argentina, docente e investigadora, luchadora político social, sobreviviente de la cárcel, tortura y represión de las dictaduras militares en argentina en los años setenta del siglo XX, fallecida en el exilio mexicano en 2009 por las duras secuelas físico psicológicas de esa múltiple violencia sufrida por su participación en las causas de liberación. El mes pasado el Colectivo Contra la Tortura y la impunidad CCTI, le rindió homenaje al publicar uno de sus textos sobre la denuncia contra la dictadura argentina dentro del libro de ese colectivo: Tortura, pensamiento y acción del CCTI, donde fue maestra y colaboradora. Nos sumamos por entero a ese homenaje.
Cuando el coronel se entera de la fuga de Somoza, manda callar las ametralladoras. Los sandinistas también dejan de dispara.
Al rato se abre el portón de hierro del cuartel y aparece el coronel agitando un trapo blanco.
-¡No disparen!
El coronel atraviesa la calle.
-Quiero hablar con el comandante.
Cae el pañuelo que cubre la cara:
-La comandante soy yo- dice Mónica Baltodano, una de las mujeres sandinistas con mando de tropa.
-¿Que qué?
Por boca del coronel, macho altivo, habla la institución militar, vencida pero digna, hombría del pantalón, honor del uniforme.
-¡Yo no me rindo ante una mujer!- ruge el coronel.
Y se rinde.