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Campesinos de la huasteca exigen resolución para obtener su libertad
Del reencuentro nos dice cómo la mira: ¡Ya más grande! (risas), con cambios físicos inevitables (más risas), igual que yo. Fueron 10 años y también crecí ¡en centímetros! Me da gusto que sigue habiendo esa relación, no sólo de madre-hija, sino de amistad y de compañerismo y sobre todo esa fuerza que sigue teniendo. Algo característico de ella es que no perdió fue esa fuerza, de dar ánimo, de estar alegre, de ver el lado positivo de las cosas y eso no quiere decir que no le dolieran las cosas. Esa capacidad de actuar y hacerlo con fuerza y con alegría. Me siento orgullosa.
Todas nos miramos inquietas cuando Gloria se dirige a nosotras, a todas: Me pongo a pensar en las compañeras jóvenes o que ya tienen hijos. Sé que ellas van a tomar decisiones como yo las tomé, que tomen su decisión conscientemente. Son momentos privados, finalmente la decisión es tuya. Cómo va a ser tu participación dentro de lo que tú te fijes, con hijos o hijas o sin, cómo vivir la maternidad, cuándo tenerlos para qué tenerlos, cómo criarlos. Llega el momento, por más que la comentes, que la decisión la tomas tú, hay que tomar la decisión y no dejar que las circunstancias nos lleven.
Que no tengan miedo, que no vean al hijo o hija como un estorbo. Sí es difícil, la vida ya nos es tan fácil, si es que uno tiene sentido de responsabilidad sobre esa criatura que trajo al mundo. Además, esa responsabilidad no se la podemos pasar al colectivo de compañeras y compañeros, finalmente nosotras tomamos la decisión y tenemos que afrontarla. Pero sí puede implicar sacrificar metas personales, por eso hay que pensarlo, y no se puede realizar con un niño pequeño, por lo menos no en ese momento. Pero algo se puede hacer, con un niño o una niña y no son un estorbo para hacer algo. No se vale decir: No hice nada porque estaba criando a mis hijos. Hay muchas mujeres haciéndolo porque siempre se puede hacer algo en cualquier tipo de lucha, en la lucha armada, en la vida profesional, en todo.
El cabello largo y trenzado de Gloria, se confunde con un suéter negro que resalta su piel blanca sin maquillaje (ni en la piel ni en el corazón). Nos habla de su relación con Jacobo y su reencuentro tras años de encarcelamiento, sin verse ni tocarse: Es un poco complicada, porque no es tan sencillo pensar que son 10 años y no pasó nada, exactamente con los mismos sentimientos que teníamos al momento de encontrarse sigue exactamente igual, como si fuera un paréntesis de tiempo que puede quitarse y volver a juntarse los dos tiempos que quedaron separados. No es un paréntesis vacío, es un proceso, él llevó 10 años del proceso de su vida, de cambios en su vida, separado y por su cuenta, y en otras condiciones, y yo en otro, también en la cárcel pero no en las mismas condiciones. Estamos en un proceso de reacomodar de estos seres nuevos que somos, queremos sacar adelante la relación pero partiendo de cosas nuevas. Hasta el momento continuamos juntos.
Y estas mujeres que preguntamos de a poquito, sabiendo que el chocolate y los corazones de Gloria y Leonor fueron compartidos, nos quedamos en silencio seguras de que el amor revolucionario es mayor que nuestros muchos miedos.
Un día llegó la abuela, a visitarla. Ramona no la conocía, o no la recordaba. La abuela llegó desde el campo, muy apurada porque tenía que volverse en seguida al pueblo. Entró, pegó tremenda paliza a su nieta y se fue.
Ramona quedó llorando y sangrando.
La abuela le había dicho, mientras alzaba el rebenque:
-No te pego por lo que hiciste. Te pego por lo que vas a hacer.
Diez campesinos sentenciados por los supuestos delitos de «despojo, daños dolosos, desobediencia y resistencia de particulares y ultrajes a la autoridad» esperan resolución de amparo para obtener su libertad total. Se trata de veracruzanos huastecos, indígenas nahuas, originarios de comunidades del municipio de Ixhuatlán de Madero, cuyo nombre como organización es los Dorados de Villa.
El 17 de septiembre de 2009 los campesinos acusados por Karla Elizabeth Assas Faisal, Marco Antonio Faissal Ramal y Blanca Esther Faissal Ramal interpusieron el recurso jurídico ante la pena de más de cuatro años de prisión dictada el 24 de junio de 2009. Sin respuesta aún, el caso se encuentra a revisión en el Séptimo Tribunal Penal Colegiado de Boca del Río. Los Dorados enfrentan el proceso jurídico fuera de la cárcel, obligados a firmar cada quince días en el Juzgado mixto de primera instancia en Chicontepec, Veracruz.
La organización campesina había gestionado sin resultado que el gobierno del estado les dotara de tierras.
En respuesta, les dijeron que el reparto agrario se había acabado con la reforma al artículo 27 constitucional, (por la cual desaparecieron las figuras del ejido y las tierras comunales) y ya no había tierras. Sin embargo los Dorados vieron que los terratenientes seguían acaparando las tierras como en el porfiriato, incluidas las que ya habían sido repartidas en decreto, pero no en la realidad.
Los Dorados decidieron hacer uso de su derecho por la vía de los hechos. El 10 de junio de 2007, fecha elegida para recordar la represión del jueves de corpus de 1971 en la ciudad de México, recuperaron un predio en Lomas del Dorado. Cuatro días después, el 14 de junio, elementos de la policía estatal y federal realizaron el desalojo, abrieron fuego contra los campesinos, dañaron las pertenencias que se tenían y detuvieron a once personas: diez indígenas nahuas y el observador de derechos humanos de Poza Rica, Javier Islas Cruz.El testimonio de los once detenidos en la represión del 14 de junio de 2007 en Lomas del Dorado es una muestra del modo usual de reprimir en la Huasteca. Los desalojaron a tiros, uno de ellos llegó a la prisión con una ojiva de bala en un glúteo y se quedó con ella, pues jamás la extrajeron. Fueron trasladados por juzgados y penales hasta llegar a Villa Aldama en Perote, padeciendo golpizas, amenazas de violación y muerte y brutalidad policiaca durante el camino desde su tierra hasta el límite del estado con Puebla.
Al observador de derechos humanos lo fueron a tirar a Teziutlán bajo amenazas y más golpes, para dejar en prisión por casi un mes a 10 indígenas nahuas, bajo cargos amañados, especialmente a cuatro de ellos, a quienes les sembraron armas para hacerlos sujetos de un proceso federal y detenciones posteriores a cargo de la AFI (Agencia Federal de Investigación). Gabino Flores Cruz tuvo que abandonar su familia, casa y región ante el peligro de ser detenido o desaparecido.
Incluso la Comisión Estatal de Derechos Humanos reconoció, tibiamente, las violaciones a los derechos humanos de los Dorados de Villa (recomendación Num. 30-2008): «no es válido jurídicamente preservar la seguridad pública violentando garantías individuales, tal y como se aprecia en el caso en estudio, pues se transgrede lo previsto en el artículo 19 último párrafo de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos». De acuerdo a los principios del derecho deberían ser rechazadas declaraciones arrancadas bajo tortura y acusaciones desproporcionadas que tratan de hacer pasar a jóvenes y ancianos indígenas por «peligrosos sujetos».
Gracias al apoyo de la Otra Campaña, organizaciones de derechos humanos nacionales e internacionales y a un escándalo mediático que rompió la censura en la prensa veracruzana, el gobierno del estado los dejó salir de la cárcel, pero sometidos a un proceso estatal por «despojo» y a otro federal por «portación de arma». Los diez presos políticos hoy sentenciados «culpables» son: Domingo Francisco Verónica, Pedro Gutiérrez Hernández, Basilio Villa Antonio, Severo Antonio Hernández, Enrique Flores Catarina, Daniel de la Cruz Antonio, Luis Francisco Martínez, Antonio Santiago Hernández, Audecio Santiago Hernández y Alicio Martínez Cruz.El documento de solicitud de amparo pide las penas mínimas para personas de escasos recursos, pero en un país como México, que necesita la producción por los campesinos de los alimentos que consume, la justicia que le deben a los Dorados de Villa no es sólo la libertad de todo proceso y persecución jurídica, sino devolverles la tierra, para no tener que ser mano de obra explotada por los caciques, rentar tierra para sembrar o emigrar en busca de la vida que les niegan los gobiernos que asolan la Huasteca. Además del castigo a los responsables de las violaciones a los derechos humanos en su contra.
En la historia de la Huasteca veracruzana e hidalguense la represión contra los indígenas ha sido constante, efectuada por paramilitares, guardias blancas, militares y policías. Contando con el respaldo de los funcionarios públicos, en particular la maquinaria legislativa y penal desde los jueces, abogados de oficio, directores de reclusorios, etc. En Veracruz han cumplido con su lealtad al caciquismo los gobiernos de Fidel Herrera y antes los de Miguel Alemán, Patricio Chirinos, Dante Delgado, Gutiérrez Barrios, etcétera.
Seguimiento del caso en http://zapateando.wordpress.com/category/ixhuatlan/