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¿María, cómo se formó el colectivo y qué tipo de trabajo han hecho?
Estudiaba la carrera de sociología y me involucré en el movimiento campesino. Una maestra me dijo que buscara a Jairo que entonces participaba en el PRT. Cuando empecé a jalar con ellos, un compañero me invitó a asistir en el Colectivo Feminista de Xalapa, que fue el primer ONG que trabajaba con mujeres en Veracruz. También íbamos a México a cursos de género y feminismo. Empezamos con eventos en fechas claves como el 8 de marzo, el 25 de noviembre. Luego organizamos foros para reflexionar la situación de las mujeres. Empezaron a buscarnos mujeres pidiéndonos apoyo y orientación. Al inicio fue algo más asistencialista. Cooperábamos entre todos para comprar las despensas, medicamentos, etc. A partir de ahí decidimos conformarnos como asociación civil. Nos dimos cuenta que aquí en la región no había ninguna asociación que hacía algo para las mujeres. También se nos acercaban trabajadoras sexuales para pedirnos apoyo. Era una etapa de represión tremenda. Las golpeaban, las encarcelaban, les cobraban multas muy altas. No podían conseguir documentos de salud, no podían pagar al ayuntamiento porque no las dejaban trabajar. Los partidos no hacían nada por ellas. Entonces decidimos hacer marchas, llamando a los medios, etc. Esto fue como hace 12 años. Ahí empezó un trabajo más organizativo. Luego trabajamos con las otras mujeres. Siempre ha sido algo difícil porque muchas veces hemos trabajado sin recursos. Me atrevo a decir que gracias al trabajo de nuestra organización, el tema de género está en la mesa en la región de Orizaba. Lamentablemente, muchas veces queda más en el discurso que en la práctica. Empezamos a atender a las mujeres en tres aspectos fundamentales: atención emocional, orientación legal y apoyábamos representándolas. Yo tuve una madre increíble que me permitía llevar a mujeres a mi casa si no tenían donde quedarse. Las compañeras siempre decían que hacía falta un espacio donde pudiéramos dar refugio a mujeres. Así conseguimos un espacio hace 4 años, el primer refugio para mujeres en Veracruz. Era una situación que veíamos: escapaban, pero si no tenían donde irse, tenían que regresarse. En ese tiempo no teníamos la menor idea de cómo tenía que ser un refugio. La red nacional de refugios te hace planteamientos de que tienes que tener una camioneta blindada, circuito cerrado de televisión, etc. Nosotras partimos de la necesidad concreta de apoyar a las mujeres y tener un lugar seguro para recibirlas. En la región tenemos reputación de ser revoltosas y cabronas porque hemos tenido que enfrentarnos en todos lados. Así aprendieron a respetarnos. Hemos desarrollado también la parte educativa. Aquí en la región somos la primeras que empezaron a hablar de los feminicidios. (338 en la región entre 2000 y 20005).
¿Cómo han logrado no caer en el asistencialismo y combinar los servicios con construir un movimiento?
Hubo un rompimiento con el PRT. Participamos en la Convención Nacional Indígena y pues de ahí comenzamos a participar con la gente que apoyaba al Zapatismo. Teníamos grupos de mujeres por todos lados y para conseguir cosas como despensas, siempre fue peleando, con movilizaciones y otras acciones. Por no querer caer en asistencialismo, dejamos un poco en reposo esa parte y vamos reflexionando en cómo fortalecer la parte de formación. Lo que sí tenemos claro es que estamos de acuerdo con la Sexta Declaración de la Selva Lacandona, que lo que queremos fundamentalmente es cambiar este sistema y este mundo. A nosotros nunca nos han podido comprar aunque han intentado. El gobierno ha tachado a esta casa como casa de seguridad del EZLN. Yo digo, si el EZLN pasa y necesita un lugar seguro donde descansar, esta casa lo es y no tenemos ningún problema. Siempre tratamos de dejar claras las cosas, que nosotros tenemos una participación política y que creemos en algo.
¿Qué te ayudó a lograr esta participación como mujer y cómo has vivido ser mujer y luchadora social?
En la escuela empecé a cuestionar el sistema económico y político en el que vivimos y a involucrarme. Creo que tiene que ver mucho con cómo me educaron mis padres; en tener respeto y que me importaran los demás y eso fue muy importante. Y siempre apoyaron lo que yo quería hacer. Sólo me decían cuídate mucho. Platicaba de la política con mi papá. Siempre me dejaron ser y hacer. A lo mejor no tengo una vida como las mujeres comunes porque no me he casado, porque no tengo hijos porque no tengo pareja, pero te digo que no fue algo que me preocupó. Tengo otra forma de pensar y ver la vida. Y hay otras maneras como mujeres de realizarse. El éxito radica en cómo te sientes con lo que haces. Y yo me siento muy bien con lo que hago y es algo que hago con mucha convicción.
¿Jairo, cómo han trabajado con los compañeros hombres, los taxistas, el tema de género?
Aparte de los taxistas también hemos trabajado anteriormente el tema de masculinidad con hombres en pueblos indígenas. Con ellos platicamos de cómo se van construyendo hombres y mujeres en la sociedad y cómo nos construyen para jugar diferentes roles. Con los compañeros taxistas ha sido más en la práctica. Aprovechamos que este espacio es una casa de mujeres y aquí hacemos las reuniones también con ellos, los exponemos a otras formas organizativas. Tratamos con ellos de reflexionar sobre formas de actuar, que no sean machistas. Y se han involucrado varios en apoyar al trabajo que se hace con las mujeres. A veces ayudan a traer a mujeres que encuentran en la calle y que han sufrido problemas. Movilizamos también con ellos el 8 de marzo. Y se movieron para denunciar violaciones por parte del ejército que está en Zongolica.
¿Cómo fue tu proceso, como hombre, de llegar a dedicar tanto de tu trabajo a la cuestión de género?
Yo participaba en un partido que tenía adentro de sus principios ser feminista. Estaban compañeras que en este país más avanzaron la cuestión de feminismo. Y de alguna manera tenía esa referencia. Posteriormente, con más participación en talleres, fui entendiendo más cosas. No es fácil desde tu posición de hombre porque no te puedes aislar socialmente. La realidad concreta también te va presionando y metiéndote en ese rol de hombre. Por ejemplo, con los compas taxistas, nunca hacen falta los chistes misóginos o homofóbicos. Entonces ahí haces el esfuerzo de no caer en esa dinámica. El asunto del abuso de las mujeres no es otra cosa que un abuso de poder. Y pues, quien me diga que no le gusta el poder… Digo, igual cuando llegas a algún lado con las compañeras, como eres hombre, pues te dan más peso, te atienden, etc. Entonces tienes que decir que lo que plantean las compañeras también es importante y hacer un esfuerzo continuo para cambiar esa relación. Que no permitas que te atiendan. Y muchas veces caes en eso porque es muy chido que hagan todo por ti. Pero tratas de entender que es una relación de poder y que tienes que romper con eso si realmente quieres avanzar una cuestión de equidad.
Cortés manda ahorcar a Cuauhtémoc junto con Tetlepanquétzal y Coanócoch, en la aldea de Izancanac, Tabasco, quedando los cadáveres suspendidos de una Ceiba, continuando los invasores su camino hacia las Hibueras (Honduras).
José María Rivas