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No acaba de acumularse el dolor, el miedo y el hambre en el mundo. El colapso capitalista del planeta aceleró su reloj fatal. El sistema controla el mundo desde el nudo financiero. Con tecnología y pandemia se impone el miedo, rompen el tejido social y engañan convirtiendo la sana distancia en distancia social. Viejas y nuevas formas de explotación, despojo y exclusión nos encadenan. El COVID 19, 20, 21... es aprovechado para drenar ganancias hacia las cañerias y vaciaderos de las grandes farmacéuticas, por los gigantes de la informática y de la distribución de mercancías a domicilio, por los medios de información y espectáculo del quédate paralizado en casa. Todo se sintetiza en el capital financiero que presta para pagarla deuda y comparar equipos sanitarios y vacunas, además de rearmar los aparatos de seguridad e inteligencia política. El sistema eterniza la deuda, mientras roba los fondos de retiro para alimentar sus proyectos de muerte.

Junto a ello, el capitalismo mantiene los rescoldos de un sistema de “ayudas” buscando los votos que lo legrtime y encubra sus crímenes. Programas sociales individualizados que desaparezcan las formas colectivas de construir la solidaridad y la comunidad de base. Voto individual, ceguera y sordera ante los aumentados reclamos y gritos de ¡Ya basta!
Tales son la recicladas y nuevas reglas del espanto que mal gobierna el mundo.
Quien no se mueve no siente sus cadenas

En paralelo, desde abajo y a la izquierda, se reafirman entramados comunitarios, se tejen redes de resistencia y rebeldía, pero predomina la dispersión entre ellas, no se forma aún la nube de mosquitos legendaria que vencerá a la máquina bestial del sistema.
La resistencia múltiple y dislocada cuentan y más si se convierte en rebeldía organizada y recupera y reinventa nuevas comunidades y colectivas de lucha de los pueblos. Por países hay logros notables en las asambleas barriales y los parlamentos populares, en los concejos de pueblos originarios y de las comunas populares, en los paros cívicos, las largasmarchas y los bloqueos simultaneos derutas, en las okupas y acciones directas que abren camino levantan barreras a la represión y a las violencias. Son expresiones de unpoder del pueblo que se ejerce reafirmando identidad y, a la vez, tejiendo redes de lxs diversxs.
Pero esto se da con desigual contundencia y claridad frente a los Estados Nación al servicio de las corporaciones globales del capital. La contrainsurgencia mide cada paso, le responde o lo previene. No son todo poderosos los poderosos del sistema, pero la acumulación de fuerza popular no siempre alcanza a ganar la iniciativa, la mayoría de las veces solo reacciona ante los golpes. Por eso y más urge mantener la AS denuncia, estudiar las formas de ( Ú explotación y dominio tradicionales Fo Y y nuevas del sistema, pero principalmente reaprender a dialogar, a deliberar y decidir cómo alcanzar la soberanía de nuestros pueblos para hacer posible el ejercicio del poder del pueblo, asi como su derecho a rebelarse, desmotando el poder de los de arriba. Moviéndonos organizados romperemos las cadenas y las reglas del espanto.

* De un verso del poema Paisajes de Juan Gelman.

Categoría: Editorial
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