En últimos días hemos visto cómo se endurece la violencia hacia los sectores más vulnerables de la sociedad, para el caso de México vemos como se vuelca dicha violencia hacia los sectores pobres y organizados que hacen frente a esas formas de dominación por parte del Estado.

La población de mujeres es uno de los sectores a los que la violencia alcanza en distintos momentos y ámbitos de la sociedad, llámense niñas, jóvenes, defensoras de derechos humanos, trabajadoras, estudiantes, indígenas, que se encuentran organizadas o no, son objeto de abusos, violencia, tortura y en muchos casos de feminicidios.

 

Se cumple un año del “cambio de rumbo” con la llegada de López Obrador a la presidencia de la República, y en ese año se ha insistido en que se puede gobernar para pobres y ricos, que se puede reactivar la economía del país mediante una economía moral, que además es el título del más reciente libro del jefe del ejecutivo: todo un best seller (el mejor vendido)

Resulta aclarador que en sus conferencias mañaneras siempre lo acompañen miembros de su gabinete o empresarios que ahora son exhibidos como hombres respetables cuando hace un par de años eran parte de una mafia oligárquica. En este juego esquizofrénico que realiza quien dice estar con Dios y con el diablo (en este escrito tomemos al diablo como aquel personaje que aparece recurrentemente en los mitos de los pueblos: un hombre bien vestido y acaudalado) alguien saldrá perdiendo y claro, no será el presidente.

A un año del gobierno de la 4T preparó una magna celebración en el Zócalo de la Ciudad de México, al tiempo que otros, inconformes de derecha se manifestarán contra su gobierno, conformarán un contingente que se manifieste en su contra. Los inconformes son miembros del PAN, Antorcha Campesina y los Chalecos Amarillos (amarillentos más bien: nada que ver con los rebeldes franceses).

Pero hay otros que a lo largo de este año se han inconformado, tanto como con los gobiernos anteriores, y han sido perseguidos, encarcelados o asesinados por defender los derechos humanos, el territorio de los pueblos originarios, los bienes naturales; tampoco aparecerán las mujeres insurrectas que ahora levantan gigantescos batallones de dignidad, ni los migrantes encarcelados para contenerlos y mantener al psicópata del norte complacido. Ninguno de estos grupos honestos y rebeldes se presentará ni en la marcha opositora, ni en la celebración oficial, ni mucho menos se sentará en las conferencias junto al presidente.

Estos grupos estarán como hace un año, como hace dos, tres, cinco, diez, veinte… en las calles, en las colonias, pueblos, fábricas, escuelas, fronteras y caminos denunciando y organizando el descontento que no parece terminar con un simple cambio de color en la presidencia. Porque son organizaciones y comunidades que saben que no es solo la crítica a la política económica, sino al modelo económico que despoja, contamina, asesina con un nombre vacío; es la crítica a la economía política que sigue repartiendo tan míseros salarios a los trabajadores, forjadores de toda riqueza, y tan inmensas fortunas a los patrones que se han malacostumbrado a no ser tocados ni con la hoja de un contrato laboral.

En un sentido muy amplio la Economía Moral que ahora nos vende el señor López, es algo parecido a las recomendaciones que hace a la población frente a la delincuencia: otra broma de mal gusto. Pero hay una cantidad enorme de personas que comprarán el libro, incluso se creerán a partir de su lectura economistas, despreciando a los educadores populares nacidos de largos procesos políticos y sociales que acompañan a los grupos de desposeídos en su andar hacia la emancipación.

Porque hemos de reconocer que nos han despojado de todo, empezando por la conciencia. Sólo con un pensamiento crítico comenzaremos a recuperar nuestros pasos hacia un sendero propio, y no el que nos ofrece el mejor vendido de la historia actual.