El movimiento popular sin candados, ni candidatos


«A América Latina le gusta mucho la palabra 'esperanza'. Nos complace que nos llamen 'continente de la esperanza'. Los candidatos a diputados, senadores, a presidentes, se auto titulan 'candidatos de la esperanza'.

En la realidad esta esperanza es algo así como el cielo prometido, una promesa de pago cuyo cumplimiento se aplaza. Se aplaza para el próximo período legislativo, para el próximo año o para el próximo siglo»

- Pablo Neruda

Algunos lectores de El Zenzontle se preguntan: ¿por qué no se dice nada en este periódico de las posibilidades de un triunfo electoral de la izquierda en el 2006? Pareciera como si quisiéramos con el silencio borrar la inquietud, inclusive los trabajos honestos que hacen varias organizaciones populares y personas honestas para que («ahora sí») se haga posible que alguien de la izquierda partidista llegara a la presidencia de México en el 2006.

No es así. Se trata de un respeto a lo que la realidad actual e histórica nos dice: las fuerzas populares no se encuentran organizadas en este momento en razón de las elecciones del 2006, además consideramos necesario concentrarnos en la construcción de una política diferente esa que venimos llamando de ruptura con el régimen neoliberal del capital financiero.

Esa política diferente es la que ya se está viendo en muchos lugares: municipios y comunidades que se gobiernan con autonomía; formas de autogestión y autosuficiencia económica, social, cultural; expresiones de base democrática, con direcciones colectivas y sometidas al mandato de las asambleas, con formación e información creciente de sus militantes y con una crítica al caudillismo y al corporativismo; legítima defensa contra la represión y creación de formas de vigilar e impartir justicia con el consenso comunitario y autónomo, formas de resistencia diversas y creativas a la represión y campañas activas contra la impunidad de los que cometen crímenes contra el pueblo. A eso nosotros le llamamos construir poder popular desde abajo; otros le llaman autonomías, o ejercicio efectivo de la soberanía del pueblo, o democracia directa y popular. Estamos ciertos que esas experiencias puede que reciban tantos nombres como el número de regiones y movimientos que las reivindican y las construyen. No importa, se ve claro que esas son algunas de las formas de la lucha de ruptura popular con el régimen.

Pero hay de muchos guisos en la cocina del pueblo, algunos más sazonados que otros, quizá. No por ello se puede menospreciar que atrás de la resistencia nacional a la venta de la soberanía por los políticos y empresarios neoliberales están muchas de esas fuerzas que así rompen con uno de los ejes centrales del régimen: el entreguismo a las transnacionales y a los dueños del dinero. Y qué decir de la lucha contra las llamadas reformas estructurales que quieren la concentración máxima de riquezas, sectores y recursos estratégicos y capacidad de control político e ideológico en manos del capital privado. Quienes defendemos la seguridad social, la de la industria eléctrica y petrolera cada día vemos que se puede poner un tope al afán privatizador de recursos y de destrucción de derechos sociales y laborales. Y ese tope al neoliberalismo rompe con la política de los grandes banqueros que engordan al lado del gobierno y los poderes del Estado mexicano.

La lucha contra la represión y la impunidad, por la libertad de presos políticos y de conciencia y el fin de la militarización del país lleva en su centro una decidida batalla a que no sea la guerra de baja y de alta intensidad contra el pueblo, la que gobierne en nuestro país.

Por eso es mejor dedicarnos más esta realidad de la lucha desde abajo y de ruptura frente al corazón (el capital financiero) y la mente (la propaganda de las cúpulas políticas y empresariales) que a la de perderse en los videos que, algunosdicen, intentan limitar o son un «complot» contra un proyecto diferente de nación y un candidato. No vemos dónde está ese candidato que luche por la soberanía contra el Imperio, que enfrente al capital financiero y a sus privilegios y que se reconozca al servicio de un pueblo que construye su poder o contrapoder colectivo, desde abajo.

Vemos eso sí, no somos ciegos, que en caso como el de López Obrador se acumula gente del pueblo que espera que si este perredista se parece más a los presidentes Lula de Brasil y Kirchner de Argentina o a Chávez de Venezuela, tal vez quizás se pueda pensar que «la izquierda llegará a la presidencia». Pero eso nomás confunde: ni Lula ni Kirchner se proponen romper con el capital financiero y sus reglas internacionales, por lo que el pueblo organizado como Movimiento Sin Tierra o como los piqueteros no tienen esperanzas de que esos presidentes rompan con el neoliberalismo y las estrategias del imperio. Y no vemos que AMLO se quiera parecer a Hugo Chávez, tal vez porque junto a Chávez crece en autonomía y fuerza el movimiento bolivariano desde las bases mismas del pueblo venezolano. Si fuera así por lo menos lo veríamos del lado de las luchas populares y no de empresarios a su gusto. ¡Qué esperanzas! De los demás políticos tradicionales que en México quieren lanzarse como candidatos de Don Dinero diría el marxista peruano José Carlos Mariátegui: «Burócratas sin alas y sin vértebras, orgánicamente apocados y acomodaticios».

El movimiento popular se fortalece construyendo sus expresiones de democracia, autonomía, autosuficiencia y defensa legítima. Solo así, el pueblo organizado podrá decidir que acabe el mandato del capital y sus gerentes.



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