1. La lucha de clases es el enfrentamiento irreconciliable entre dos enemigos. El origen de esa lucha es la descomposición de la sociedad de clases, a partir de la existencia de la propiedad privada sobre los medios para producir y en general sobre el producto excedente de los trabajadores.
2. La lucha entre poseedores y desposeídos, entre explotadores y explotados es inevitable. Sin embargo, los intereses históricos de los explotados por liberarse, así como de los explotadores por mantener su poder pueden transcurrir durante largos periodos de relativa calma o de paz, debido a que no exista de parte de alguno de los contendientes la fuerza suficiente o el interés de clase como para crear momentos de tensión contra el enemigo y menos todavía generar movimientos que conduzcan a la lucha aguda y generalizada.
3. En general, no obstante los periodos de calma, reposo o tregua o mera tensión entre las fuerzas sociales opuestas, la lucha de clases se produce tarde o temprano de modo inevitable con su carácter irreconciliable. En ese sentido afirma la teoría marxista que la lucha de clases es como una guerra.
4. Como en toda guerra el objetivo de cada contendiente es imponer su voluntad al enemigo.
5. Partiendo de que la guerra es la lucha política por otros medios, es decir es su expresión violenta, el marxismo-leninismo ha tomado del arte y la teoría de la guerra algunos conceptos que aplica al análisis de la situación concreta y a los planes para conducir la lucha revolucionaria de la clase obrera y sus aliados en contra del enemigo capitalista y sus fuerzas aliadas y de apoyo.
6. Estrategia y táctica, campaña, correlación o mediación de fuerzas, teatro de la guerra, terreno o espacio, momento o tiempo, superioridad numérica, etc., son algunos de los conceptos aquí expuestos para que, con base en ellos, nos demos a la tarea de caracterizar el actual periodo de la lucha de clases; así como la estrategia y las tácticas adecuadas para orientar la lucha proletaria y popular en un sentido revolucionario.
7. Para que una lucha se gane es necesario planificar cada combate y al conjunto de ellos, de manera que avancemos hacia la derrota total o decisiva del enemigo.
Para cada plan de lucha se requiere conocer:
* Los terrenos en los que se dará la lucha. Éstos pueden ser entendidos en sentido estricto como los lugares en los que se combate al enemigo (el país en general; el campo o la ciudad; la fábrica, el sindicato, la colonia, la escuela o la calle; si esta se da en nuestro terreno o en el terreno enemigo) o en un sentido amplio cuando tomamos un nivel de la lucha de clases -como 'el terreno' o espacio de nuestro movimiento: económico, político, ideológico o militar).
* El tiempo o momento en el que se dan las luchas: periodos de calma o de resistencia inicial, prerrevolucionaria o revolucionaria; coyunturas de crisis, estancamiento o reanimación económica; coyunturas de conflictos al interior del enemigo, de crisis en el régimen o en una parte del sistema de dominación; coyunturas de lucha internacional favorables o desfavorables para el avance revolucionario; etc.
* Las fuerzas del enemigo (sus puntos fuertes y débiles)
* Nuestra fuerza (puntos fuertes y débiles, nuestros lugares de construcción inicial y de consolidación)
8. El balance de las fuerzas propias y las del enemigo se conoce como CORRELACION DE FUERZAS. Esta puede sernos favorable si contamos con mayores y/o mejores fuerzas que el enemigo y desfavorables si sucede lo contrario. El balance de fuerzas, sin embargo, debe medirse según los objetivos de la lucha que nos propongamos en un combate o campaña de lucha, es evidente que si nuestros objetivos son modestos (una revisión de contrato; la negociación de servicios en una colonia, lograr información y reconocer la defensa popular de un detenido o de un despedido) se requerirá medir y aplicar las fuerzas de modo distinto a si pretendemos objetivos que signifiquen un mayor sacrificio para el enemigo (perder el estado o uno de sus partidos el control sobre un sindicato o un municipio; perder política o militarmente terreno ante las fuerzas populares; perder el poder).
9. Elegir un plan de lucha es como elegir un camino y una manera de recorrerlo para llegar a la meta.
La estrategia es la forma como se planifican, organizan y orientan los diversos combates para ganar la guerra contra determinados adversarios.
La estrategia es el uso de cada lucha, e cada encuentro con el enemigo para alcanzar un propósito más en el camino hacia la derrota definitiva de ese enemigo.
La estrategia por lo tanto:
* Traza el plan general de lucha hacia la victoria final.
* Traza los planes de cada campaña hacia metas por medio de diversos combates o luchas para lograr avanzar hacia el objetivo final.
* Prepara los encuentros (las batallas, las movilizaciones) que son pasos y acciones de cada campaña.
Mientras que las campañas y los encuentros, luchas o acciones, se planifican y preparan en sus detalles sobre el terreno de una manera incesante, el plan general estratégico cambia más lentamente, perfeccionándose en cada campaña de lucha y en cada movimiento particular.
10. La estrategia tiene que ver más con lo mucho o lo poco que ha de realizarse en la lucha que con el cómo habrá de hacerse. Se necesita por ello, "la mayor fuerza de voluntad para tomar una decisión importante en la estrategia, pues como en ella todo se mueve más lentamente, hay mucho lugar para nuestras propias dudas y las de otros" (K. V. Clausewitz, El Arte de la Guerra)
11. Principios para elaborar planes estratégicos:
* Los posibles enfrentamientos deben ser considerados como reales por las consecuencias que de ellos se desprenderán cuando se efectúen. En la lucha revolucionaria del proletariado, del pueblo pobre políticamente organizado, desde el momento en que elabora la estrategia, nos compromete de vida o muerte para alcanzarla. No podemos por ella quedarnos en un mero radicalismo verbal si no nos preparamos a enfrentar las consecuencias. Cada meta o campaña de lucha decidida significa riesgos y frutos que debemos comprender con la mayor precisión posible.
* Los efectos y metas de cada lucha son dobles: directos si van hacia el objetivo último de esa lucha e indirectos si intervienen otras circunstancias que cambian ese objetivo. Por eso al elaborar la estrategia nos debemos preguntar sierre ¿cuál habrá de ser el resultado probable de la lucha?
* Consideramos que la lucha de clases "en general y cada una de sus campañas es una larga cadena de encuentros o choques en donde -uno es causa de otro. Sólo el total final decidirá si una (lucha) particular constituye ganancia o pérdida."(Clausewitz). Porque si al contestar la pregunta del principio anterior nos interesamos por obtener ventajas indirectas (reformas, por ejemplo) pero las aislamos de la larga cadena de la lucha de clases esa decisión en apariencia ventajosa se puede convertir en desventajosa, por ejemplos: tomar posiciones de representación sindical, urbano popular, ejidal o municipal por ellas mismas, sin relacionarlas a la continuidad de la lucha por la total liberación de los explotados y oprimidos es un viejo error que ha conducido a bajar, las banderas estratégicas por una meta parcial o a descuidar la probable respuesta de mayor fuerza del enemigo que convierta un pequeño triunfo en una pesada derrota; es común el caso de quien lucha por una meta muy sentida: la vivienda o la tierra, pero luego no se encadena esa demanda con factores que construyan una vida digna y un poder del pueblo como serían las redes populares de salud, educación o cultura, o como serían la atención a las relaciones de poder en los hogares de los hombres frente a las mujeres y de los padres fente a los hijos.
12.-Por táctica se conoce a los distintos planes y métodos de acción que se ejecutan para llevar a cabo un plan estratégico.
La táctica establece el cómo habrán de realizarse las acciones, bajo qué formas de lucha y de organización y los métodos para conducir esos movimientos. Estos planes de acción se refieren a plazos mediatos (periodos), e inmediatos; sus espacios de acción son los terrenos precisos en los que se realiza cada combate (local o sectorial, regional, nacional, internacional); y sus decisiones parten de la correlación de fuerzas realmente disponibles para la lucha en el tiempo más cercano. En la táctica los tiempos y las distancias son por lo común más cortos que los tiempos de la estrategia.
13. La estrategia y la táctica, se relacionan como el todo a la parte. Si la estrategia general puede además reunir estrategias parciales para lograr un objetivo intermedio hacia la victoria final, las tácticas de lucha deben tener en cuenta ambos niveles de la estrategia: la situación de la lucha de clases en su conjunto y todas las etapas o periodos de la lucha de clases potencialmente viables en un proceso revolucvionario. Cuando no se toman en cuenta los objetivos estratégicos pueden surgir 'desviaciones' o errores trágicos o autoengaños en el camino revolucionario. Las más frecuentes son el culto a lo espontáneo o espontaneismo; el activismo ciego y el gremialismo o localismo.
Lenin criticaba a los que elaboran la táctica según las diarias circunstancias y por lo tanto con su táctica proceso esos dirigentes y luchadores sociales cultivan lo espontáneo, no preparan las fuerzas para etapas más complejas en la lucha de clases, ni previenen el sentido que tomará la lucha y los momentos de crisis que han de presentarse para cambiar la correlación de fuerzas de modo favorable para las fuerzas sociales de la revolución. Frente a la táctica proceso, Lenin propone elaborar una táctica plan que conduzca las fuerzas en el sentido que lo propone y guía la estrategia y con la flexibilidad suficiente para aprovechar los momentos críticos o coyunturas para dar saltos de cantidad y calidad en el movimiento de lucha popular.
Sin embargo, también se incurre en errores y desviaciones, sólo que de signo contrario, cuando se enfatizan los objetivos (subrayando la estrategia), pero no se precisan los medios (la táctica) para alcanzarlos. Así sucede a las fallas propagandistas en las que caen los que sólo anuncian lo que se busca, pero no concretan el quehacer necesario para lograrlo. O el error doctrinario o maximalista que reclama el respeto a los principios más generales a quienes realizan movimientos tácticos, aparentemente opuestos a la estrategia general como serían: negociar, realizar alianzas simples por una acción, participar en los terrenos del enemigo con las formas de lucha que el enemigo reglamenta, etc. El error de los maximalistas no es defender los principios, sino sustituir con el sólo enunciado de leyes “generales de la lucha” el análisis de la situación concreta para elaborar un plan táctico que decida acerca del modo de emplear las distintas formas de lucha y de organización y elegir los terrenos más propicios.
14. Para determinar una estrategia y una táctica se debe seguir un proceso que va del análisis de la situación concreta para hacerse un juicio correcto de sus tendencias, antecedentes, y futuros, de las contradicciones principales y secundarias; entre las fuerzas propias y enemigas, así como de los procesos económicos y políticos que pueden originar cambios en la correlación de fuerzas para decidir el camino (la estrategia) y la forma (la táctica) de avanzar para lograrlos, si nos son favorables; o bien de evitarlos, postergarlos o resistirlos si nos perjudican. Esos juicios si son correctos deben luego convertirse en decisiones firmes y claras para el conjunto de nuestras fuerzas, pero conservadas en secreto ante el enemigo para no otorgarle ninguna información precisa que le otorgue ventajas en la lucha antes de las acciones.
Posteriormente de esas decisiones, se da la aplicación de los planes de lucha y la evaluación oportuna de los resultados para conocer si el plan se cumplió y cómo, así como si el plan permitió avanzar hacia las metas buscadas o si se cometieron errores saber cómo corregirlos y sortear la situación nueva que se haya creado.
15.- Sin embargo es la experiencia directa en la lucha y su análisis permanente lo que nos permitirá mejorar nuestros planes estratégicos y tácticos. La práctica de lucha de las fuerzas contendientes, estudiada permanentemente nos enseña más que cualquier receta o esquema de procedimientos. La estrategia y la táctica no son meros conceptos o fórmulas generales, son antes que nada producto del análisis constante y correcto de la situación concreta de la lucha viva y directa de las fuerzas.
16.- En una sociedad capitalista como la nuestra la: contradicción principal está representada entre Capital y Trabajo. Así las clases sociales fundamentales son la burguesía y el proletariado.
La estrategia y la táctica del proletariado están orientadas históricamente a la destrucción del Estado Burgués y a la construcción de la sociedad socialista.
Pero nuestro análisis de la situación concreta necesita ser mucho más específico, más preciso y que responda a la cuestión central sobre la forma en la que históricamente se expresa en un país como México el dominio del capital sobre los obreros y sobre el conjunto de capas y grupos sociales explotados y oprimidos.
Marx analizó el capitalismo y descubrió sus leyes de desarrollo. Bajo el concepto marxista de modo de producción se explica un tipo de realidad social total, que engloba las relaciones sociales de producción, las 'reglas' que norman las relaciones de poder entre explotados y explotadores (sean ellas espontáneas o institucionalizadas) y las justificaciones teóricas e ideológicas que dan a esas relaciones la clase dominante y que se imponen a las clases dominadas creándoles una visión falsa de su realidad como explotadas y oprimidas.
Pero con ese concepto de modo de producción, el materialismo histórico o si se quiere llamarlo el marxismo, no impone un esquema universal pues reconoce que es cada sociedad concreta son varios los modos de producción o formas de organización de esa producción los que coexisten y, por lo tanto las relaciones entre las clases se vuelven mas complejas: junto a la contradicción principal entre capitalistas o burgueses y proletarios o trabajadores, en cada país capitalista se constituyen otras relaciones contradictorias entre el capital y las capas, sectores y clases no proletarias que están subordinadas al dominio burgués. En nuestro país esas capas son, principalmente, la pequeña burguesía urbana y rural (los campesinos medianos y pobres, entre los cuales está la mayoría de los pueblos indígenas u originarios), el semiproletariado urbano (pequeños artesanos y trabajadores “por cuenta propia”), el amplio ejército de trabajadores del campo y de la ciudad, marginados, excluidos y desempleados o bien empleados de manera precaria sin salarios estable y seguro y sin prestaciones, y finalmente el lumpen proletariado (desempleados de todas las edades y sexos que viven en la miseria despojados de vida digna o alcanzar la sobrevivencia y hasta el disfrute de bienes corrompidos por el capitalismo).
En tales condiciones un modo de producción es una realidad compleja, no eterna que engloba la realidad dominante que determina los procesos decisivos de nuestro país, pero que no engloba toda la realidad, ocultando las diferencias.
17. Para poder precisar los elementos centrales de la estrategia y las tácticas revolucionarias en México explicaremos otros conceptos útiles para orientar nuestra lucha:
Tipos de estrategia político militar: En la lucha contra el enemigo no basta decidir que buscamos vencerlo y el tipo de sociedad y de poder que habremos de construir luego de su derrota. A ese nivel de decisión estaremos definiendo de manera muy vaga nuestra estrategia general, sus metas y, tal vez, las fuerzas que habrán de participar del lado nuestro o del enemigo, como posibles o seguros aliados o como sectores a neutralizar para evitar que fortalezcan al enemigo oponiendo sus intereses inmediatos al avance de la revolución.
Necesitamos, a la vez, definir nuestra estrategia de poder, es decir: el plan estratégico político militar para lograr nuestro objetivo principal, la construcción desde abajo y desde ahora del poder del pueblo el cual es la base de la toma revolucionaria del poder social por el proletariado y sus aliados. Como lo evidencia la historia, el enemigo capitalista no solo se niega a entregar el poder de manera pacífica a las clases dominadas que luchan económica, política e ideológicamente por una nueva sociedad de los trabajadores sino que por lo general, fortalece su dominio desde mucho antes de ver atentado su poder mediante el uso de la violencia represiva en cualquiera de sus formas: selectiva, masiva, clandestina o abierta, o con guerra abierta contra los insurgentes y un estado de sitio dictatorial contra las masas. Ante esta situación la estrategia de poder de las fuerzas revolucionarias de las y los trabajadores y sus aliados se basan en la extensión de su lucha política hasta el terreno de lo militar es decir, la estrategia de poder se basa en la violencia revolucionaria del pueblo en armas, armas que aprende a utilizar y obtiene en la defensa integral de sus derechos, de su territorio, identidad, proyecto de vida y su organización e integrantes, todo en un proceso que por lo general va de la resistencia a la rebelión y de esta a la revolución social contra e sistema dominante.
Sin embargo existen diversos tipos de estrategia de poder que se definen por las características de la guerra que habrán de impulsar los revolucionarios para derrotar finalmente al enemigo. Las más comunes han sido:
1. El camino del enfrentamiento directo al enemigo, en el que se moviliza a todas las fuerzas de masas y militares de los revolucionarios con el objetivo de derrotar al enemigo de un solo golpe (la forma de guerra insurreccional o de choque frontal de ejército contra ejército puede ejemplificar este tipo de estrategia de poder).
2. El camino del cerco que evita el enfrentamiento directo con el enemigo, rodeándolo poco a poco, cortándole la comunicación entre sus fuerzas y sus aliados y cerrándole las vías para su sustento, para irle agotando sus fuerzas, aislarlo para obligarlo a rendirse o imponerle un golpe definitivo que lo aniquile (en las experiencias revolucionarias este tipo de estrategia ejemplifica dentro de las llamadas estrategias de “Guerra Popular Prolongada”, pero sería más preciso observarlo en las acciones de guerras de liberación contra un invasor que no conoce nuestro territorio, que esta lejos de sus fuentes de abastecimiento principales y no cuenta con grandes fuerzas de apoyo entre sectores del pueblo invadido).
3. Y cuando el camino es el del enfrentamiento parcial al enemigo, para el cual se puede buscar dividir las fuerzas enemigas y atacar con ventaja sus puntos estratégicos o decisivos o bien concentrar todas las fuerzas para atacar un sector del enemigo considerado como principal, de tal que al golpearlo y vencerlo se esté en posibilidad de derrotar al conjunto del enemigo y dominar el conjunto del territorio nacional con las fuerzas revolucionarias (este tercer tipo de estrategia de poder es muy común en las luchas revolucionarias contra las oligarquías enemigas que concentran en un dictador o en una casta o sector reducido de capitalistas la fuerza y el poder principal del enemigo).
Los tres tipos de estrategia tienden a combinarse en la historia o a probarse de modo alternativo según las condiciones del terreno en poder del enemigo, del momento por el que pasan las clases dominantes (mayor unidad, conflictos o división) y la forma como se edificaron desde un principio las fuerzas revolucionarias (existencia o no del partido o la vanguardia o de frentes amplios que tienden a unificarse en una sola organización; así como la fase por la que transcurre el armamento de la clase obrera, del pueblo y de las masas revolucionarias y su forma de organización militar).
De cualquier modo, según las experiencias guiadas con el marxismo-leninismo, una estrategia para la toma del poder debe subordinar lo militar a lo político y responder a la estrategia general de la revolución proletaria y popular. Es un error peligroso, pero común, el elegir una estrategia de poder en la que se confunde un fácil triunfo militar sobre el enemigo o un sector de él con el triunfo de la revolución. La cuestión de una toma del poder que no ha sido construida desde la base por el pueblo organizado lleva, ha llevado muchas veces a triunfos que se desvanecen por faltar la experiencia viva del pueblo que lucha en la autonomía (pensar, decidir, actuar y mandar obedeciendo), la autosuficiencia o autogestión de sus proyectos de vida económica, social y culturales, la democracia verdadera en la construcción y toma de las decisiones, en la preparación en todos los niveles y en la generación de una dirección colectiva), así como en la defensa integral de esas formas o embriones del poder con todas las formas de lucha a su alcance y con métodos que defiendan y construyan al mismo tiempo la fuerza que se acumula contra los poderosos instrumentos y órganos del capital.
Así se han producido experiencias golpistas desarrolladas sin la participación revolucionaria de los obreros y los explotados que, al poco tiempo muestran la dificultad política de expresar los intereses históricos de todos y todas las explotadas, oprimidas y excluidas. También se han presentado las luchas pluriclasistas en las que la vía del cerco o del enfrentamiento parcial con un dictador triunfa militarmente, pero se pierden los objetivos de la lucha por construir el socialismo modificando las relaciones sociales y enfrentando los poderes macro y micro sociales y que según se ve en la historia se niega la conducción de la revolución al pueblo, a la clase obrera y sus aliados principales.
Si la estrategia general determina las alianzas político-militares, la estrategia de poder debe construir el triunfo Político-militar haciendo prevalecer esas alianzas estratégicas
18.- La táctica de periodo parte de las tendencias históricas de la lucha que pasan por diferentes situaciones y por tiempos relativamente largos luchando por alcanzar metas en el camino hacia la victoria estratégica final. Con Lenin podemos diferenciar los periodos de la lucha revolucionaria, desde el momento en que se abre la época revolucionaria hasta e triunfo de la revolución, reconociendo que de país a país y de tiempo a tiempo esos periodos varían en su forma de presentarse y en el lugar que les corresponda.
19.- Primero: la apertura de una época de revolución en la que existen bases materiales para la revolución proletaria:
Crisis económicas frecuentes con breves momentos de reanimación; graves contradicciones sociales la acumulación enorme de riqueza en pocas manos (el capital financiero concentra y centraliza la mayor parte del capital) y la enorme miseria y proletarización de la población trabajadora del campo y de la ciudad. Por lo general, en este período la lucha se expresa predominantemente de modo pacífico o “civil” y existe una calma relativa que puede deberse al atraso en la formación de la fuerza social revolucionaria (la clase obrera y sus aliados organizados con independencia política e ideológica frente a la burguesía y su estado) o bien porque se trata de una pacificación forzada por la acción represiva y el control que el Estado y los burgueses desarrollan sobre las capas trabajadoras y sus organizaciones políticas. En situación así la táctica de período es una táctica en la que la acumulación de fuerzas se da bajo la forma de una resistencia activa al poder de la burguesía para arrancarle la iniciativa política con un conjunto de pequeñas batallas de luchas sociales y políticas de corto plazo y tiene como meta la ruptura de las masas con la forma de dominio del régimen en turno para lo cual organiza las luchas y reanima un movimiento de masas independiente hasta lograr que se exprese como ascenso sostenido mejor coordinado y organizado.
Todas las formas de lucha y de organización pueden ser utilizadas en esta táctica, sin embargo las predominantes o prioritarias son aquellas formas de lucha política y social que permitan educar y organizar a la clase obrera y a los campesinos y demás sectores aliados en un sentido autónomo e independiente de las fuerzas burguesas, que priorizan la movilización y la combatividad por sobre las negociaciones, los pactos, los cuales son metas intermedias de cada campaña. En estos períodos se forjan los cuadros revolucionarios dentro del movimiento de masas, generando y educando a sus vanguardias o líderes naturales de esos movimientos y a las bases. Por lo general, en estos períodos surgen varias tendencias ideológicas en la izquierda como producto de la necesidad de probar estrategias y tácticas diferentes para hacer avanzar al movimiento. Aunque la dispersión y el sectarismo son sus mayores riesgos, la lucha por la unificación de los revolucionarios requiere de la mayor solidez ideológica y política de cada tendencia con la mira puesta en potenciar el movimiento de popular y en el unir a las fuerzas consecuentes con la lucha revolucionaria.
Por último, la respuesta del enemigo para contrarrestar una táctica de resistencia activa son variadas, pero de ellas las que más eficacia han mostrado para detener el avance revolucionario de las masas son dos y el Estado sabe combinarlas: la represión masiva y selectiva o la división del movimiento de masas y de las organizaciones revolucionarias para engañar ganar o atemorizar a unos y hacerlos actuar dentro de sus reglas y aislar, hostigar y aniquilar a otros a los que no puede ganar para su política. Difícilmente podrá usar el enemigo las soluciones económicas reformistas generales si permanece su régimen en medio de constantes problemas económicos para reanimar de manera sostenida y más prolongada la acumulación de capital, o bien si como pasa desde hace más de 25 años el proyecto del capitalismo sigue la ruta neoliberal que niega y destruye los derechos sociales y laborales del pueblo. Pero eso no niega que reparta selectivamente algunas prebendas para aminorar el descontento generalizado (veamos sus programas de asistencia focalizada) o para evitar que surjan estallidos sociales en sectores estratégicos de la economía o de la política general. Ante estas situaciones las causas revolucionarias requieren superar con audacia política la falta de fuerzas disponibles en el pueblo trabajador para vencer la ofensiva capitalista, solidez ideológica y capacidad política para combatir el reformismo y oportunismo político y los engranes del régimen, así como gran sagacidad y energía para evitar la represión o lograr un autodefensa popular que le permita avanzar hacia etapas superiores en la lucha revolucionaria. El período "pacífico" o de resistencia político social puede cambiar cuando se fuerce al enemigo modificar sus formas tradicionales de gobernar.
20. Segundo, los períodos pre-revolucionarios en los que el fermento revolucionario se ha fundido con el descontento de los trabajadores y todas las expresiones del pueblo )jóvenes, mujeres, ancianos, niños sean o no obreros pero vivan de su trabajo manual o intelectual, asalariado o a cuenta propia), logrando un ascenso sostenido del movimiento de masas que pongan en peligro la reproducción del régimen del enemigo muestren la deshonestidad e ilegitimidad de su forma de gobierno. Esto supone constantes y sucesivas crisis generales y conflictos internos (diferencias en el sector hegemónico sobre la forma de gobernar, diferencias en el grupo gobernante y sus partidos sobre el modo de mantener el control sobre las masas del campo y las ciudades, diferencias internacionales en cuanto política económico política exterior, etcétera.) Al respecto una cita de Lenin narra bien lo que pueden ser los períodos de revolucionarios: "las revoluciones nunca nacen ya hechas, no salen de la cabeza de Júpiter, ni estallan de pronto. Siempre son precedidas por un proceso de efervescencia, crisis, movimientos, revueltas, los comienzos de revolución, que además no siempre se desarrollan hasta el fin (por ejemplo, si la clase revolucionaria es débil)".
Es esta atmósfera de agitación, el síntoma principal del periodo prerevolucionario. Aumentan las huelgas, las tomas de tierra, las rebeliones y las sublevaciones crecen, la desobediencia desarticula y el gobierno se desgobierna. Las acciones directas se convierten en la forma de lucha principal de las masas. Así mismo es una experiencia observada en las luchas de los pueblos, que por necesidades impuestas por la represión en periodos anteriores, la resistencia activa comenzó la edificación de fuerzas populares y revolucionarias organizadas para combatir la violencia reaccionaria con la violencia revolucionaria, en estos períodos, esas acciones político militares pueden aparecer como hostigamiento, propaganda o primeras campañas y ya no solo acciones aisladas o de propaganda de la lucha guerrillera.
La izquierda revolucionaria estará obligada a haber formado y construido organizaciones de revolucionarios profesionales que tratan de convertirse en guías, organizadores y pedagogos revolucionarios de estas luchas. A la vez, la agudización de conflictos internos entre las clases dominantes hará necesario que esa vanguardia o para decirlo mejor movimiento revolucionario sepa aprovechar los conflictos de los poderosos para encauzar los intereses sociales democráticos, progresistas, patrióticos que surjan en el país hacia la preparación de la revolución.
En el periodo pre-revolucionario se encuentran ya presentes elementos que aparecerán con más fuerza cuando estalle la revolución, es decir cuando el pueblo se levante a exigir el derrocamientyo de los poderes del capital. Los más importantes de esos elementos son aquellos que se empezaron a forjar desde la resistencia activa en los períodos pacíficos: las formas organizativas de la clase obrera, los indígenas, los campesinos, las mujeres, los estudiantes y el pueblo sencillo que se oponen de hecho al poder burgués y que el régimen no puede arrasar con ellas: soviet, comités de fábrica, comités de campesinos, comités de autodefensa, policías comunitarias, milicias populares, consejos comunales, municipios y comunidades autónomas, redes de espacios autónomos y autogestivos, asambleas populares detcétera. Se forjan así las organizaciones del poder popular que habrán de destruir y sustituir a la dictadura burocrático militar de la burguesía.
21. Tercero, el período revolucionario, donde la amenaza de poder burgués se hace efectiva con las formas de poder popular que se articula por regiones o sectores, con el crecimiento de un ejército revolucionario o bien con un modo de armar y preparar al pueblo para derrotar definitivamente las fuerzas principales del enemigo. En este periodo, también llamado situación revolucionaria, se reúnen las condiciones objetivas para el triunfo de la revolución:
* Imposibilidad de las clases gobernantes para mantener su dominación sin un cambio (una crisis en la política de la clase dominante que abre posibilidades a que irrumpa el descontento popular como una fuerza). No basta que "los de abajo no quieran" vivir como antes sino que también es necesario que "los de arriba no puedan vivir como hasta entonces (Lenin). "La revolución es imposible sin una crisis nacional general que afecte tanto a los explotados, como a los explotadores)" (Lenin).
* Agudización más allá de lo conocido de “los sufrimientos y las necesidades de las clases oprimidas”.
* "Considerable intensificación de la actividad de las masas, las cuales en tiempos pacíficos se dejan expoliar sin quejas, pero que en tiempos agitados son compelidas, tanto por las circunstancias de la crisis como por las mismas abrir comillas clases altas" a la acción históricamente independiente.
Faltan entonces condiciones subjetivas "para madurar" la revolución, es decir para lograr la crisis política general que desemboca en una crisis revolucionaria. Estas condiciones subjetivas suponen:
Que la clase revolucionaria, el pueblo políticamente organizado como fuerza insurgente, esté dispuesta a pasar de acciones en las que demuestra su fuerza opositora ante el enemigo (huelgas, marchas, mítines, discursos, etcétera), a las acciones propiamente revolucionarias (insurrecciones populares o integración masiva al ejército revolucionario). Se trata de una decisión consciente y voluntaria del pueblo y que se basa en sus anteriores experiencias de lucha y en su relación con los grupos y fuerzas de la vanguardia revolucionaria. Es el momento de probar "la voluntad única" de la clase revolucionaria, de no ser así las respuestas contrarrevolucionarias del enemigo podrán bloquear la maduración de la revolución, llevarla más allá un estancamiento, es decir a derrotas que abren a los períodos contrarrevolucionarios. La crisis revolucionaria es la principal coyuntura buscado o construida en la lucha de la clase obrera y de todos los oprimidos contra su enemigo irreconciliable: En ella, confluyen las condiciones objetivas y subjetivas, la vanguardia está cohesionada y tiene habilidad para combatir y conducir a los elementos más avanzados de las masas trabajadoras hasta derrocar al enemigo instaurar el poder popular revolucionario.
22. Cuarto un período de construcción del socialismo con el nobre que quiera darle el pueblo pero con el poder revolucionario efectivo de los trabajadores y sus aliados o por el contrario la imposición de un período contrarrevolucionario que o bien bloquea el triunfo del proletariado antes o después de producirse la crisis general revolucionaria o que se organiza bajo la forma de intervención imperialista en apoyo político-militar a las fuerzas de la contrarrevolución (caso soviético, cubano y nicaragüense después de los triunfos revolucionarios).
23. Como puede observarse de las experiencias de las revoluciones populares en el mundo triunfantes, derrotadas o en proceso de maduración, los períodos aquí diferenciados, como ya lo dijimos, tienden a mezclarse y cada vez más a sufrir períodos contrarrevolucionarios "anticipados", como sucedió en Guatemala, Chile, Argentina y tantos países del Cono Sur latinoamericano.
A la vez, un estudio de nuestra situación actual nos mostraría que varias condiciones del proceso prerevolucionario se están generando, sin que se haya logrado por completo su rasgo principal: el ascenso sostenido del movimiento del pueblo organizado que rompa con la política y os proyectos del régimen. Por último, si la estrategia general y de poder se manifiesta políticamente en un programa revolucionario, las tácticas de período se expresan políticamente por medio de plataformas de lucha que tratan de guiar para un momento preciso la línea estratégica general, atendiendo el carácter del periodo de la lucha y que sintetizan las metas y la relación entre las diferentes "clases oprimidas" en su lucha contra el enemigo burgués y su estado contra el enemigo principal.
Coyuntura es el conjunto de las condiciones concretas que al relacionarse nos pueden servir para caracterizar un momento preciso en el proceso histórico general. Para el materialismo histórico las coyunturas pueden representar virajes en las sociedades de varios tipos:
Por lo común, en la política se registran como “coyunturas” las del último tipo, olvidándose de aquellas que servirán para que se produzcan los cambios de período y los cambios revolucionarios. A este error se le llama tacticismo o coyunturalismo.
Por lo tanto un análisis de coyuntura debe captar la confluencia de un conjunto de condiciones y no sólo el cambio que en una de ellas se observe. Se necesita superar la visión local y nacional conociendo el contexto internacional. Se requiere no caer en las explicaciones meramente políticas ("errores de gobierno") y además evitar la personalización de los grandes movimientos económicos y sociales ("la crisis se debe a Vicente Fox o “al innombrable")
En el transcurso de cada período y según los ritmos de la lucha que en él se presentan, se puede registrare un número más o menos grande de coyunturas diversas, es decir de momentos en los que las tendencias económicas y políticas del país, las tendencias internacionales y las tendencias de los movimientos populares y revolucionarios, sin cambiar de manera general, se combinan de una manera particular, produciendo cambios en la correlación de fuerzas entre la clase obrera y sus aliados frente las fuerzas del régimen de los oligarcas, los grandes dueños del dinero y del poder.
Observar estos cambios y decidir las tareas precisas de la táctica sin caer en tácticas "de momento" inmediatistas, parecidas a la "táctica proceso" que criticaba Lenin a los espontaneistas, requiere de un gran esfuerzo de las organizaciones populares.
Las coyunturas más comunes que pueden influir en la correlación de fuerzas nacional dentro de un período dado son: los períodos de crisis económica y de reafirmación intensiva de la acumulación de capital, las crisis son las de la forma de gobierno o en el sector hegemónico de la burguesía durante los procesos electorales nacionales por el poder ejecutivo o durante la promulgación de leyes o acuerdos que afectan las leyes constitucionales; las campañas de lucha nacional de los movimientos de masas democráticos y de las organizaciones políticas, así como los surgimientos de frentes de masas y organizaciones políticas unitarias o por el contrario la división de ellas; las campañas de terror psicológico o represivo del enemigo para imponer el orden en momentos de posibles estallidos sociales; cambios en la situación internacional como triunfos o derrotas de fuerzas revolucionarias que inciden en el ánimo y organización de las fuerzas populares; o bien contradicciones económicas, políticas y militares entre naciones que afecten la política del gobierno del enemigo.
Como se puede ver, muy pocas veces las coyunturas parciales afectan de manera general las características de un período, pero cuando se combinan o yuxtaponen pueden propiciar momentos o puntos críticos o verdaderas coyunturas para que avancen las fuerzas propias contra las del enemigo.
Por lo tanto, si las tácticas de período definen las formas de lucha de una organización revolucionaria, las tácticas de coyuntura definen cuáles de ellas deben utilizarse o cómo deben combinarse, poniendo mayor énfasis ya sea en lo legal o ilegal, en las acciones amplias o selectas, en los golpes políticos al enemigo o en los operativos militares, según el estado de la correlación de fuerzas de esa coyuntura.
El arte de la lucha revolucionaria consiste en la sabiduría para combinar la estrategia y la táctica en cada período y en cada coyuntura. Los combates y las luchas particulares se dan en medio de coyunturas diversas, la medición correcta y oportuna de las fuerzas en lo económico, lo político, ideológico y lo militar puede servir para elaborar tácticas que aprovechen toda condición favorable de la situación concreta para avanzar en la táctica de período y en la estrategia general.
25. En los períodos de resistencia relativamente pacíficos y los pre revolucionarios, la clase obrera y el pueblo realizan unas tácticas defensivas de período que pretenden arrebatar la iniciativa general de la lucha al enemigo, causarle desorden y crisis, debilitar su fuerza política y moral entre pueblo y a nivel internacional, etcétera. Se busca durante esta fase alcanzar laofensiva general contra el enemigo. Sin embargo, en cada coyuntura y en cada lucha particular se combinan tácticas ofensivas y defensivas desde el campo de las fuerzas revolucionarias y democráticas. Esto se explica por el carácter de la defensiva estratégica: no se busca la simple detención del golpe sino ganar la victoria contra los que nos atacan a fin de pasar nosotros al ataque después de haber ganado superioridad en la defensiva. La sabiduría popular ha dejado su enseñanza: "debemos golpear cuando el hierro está caliente", es decir tenemos que utilizar toda ventaja para prevenir todo ataque. La resistencia activa es pues la combinación de medidas de protección y de contragolpes constantes al enemigo, la unidad entre preservar nuestra fuerza y el hacerla crecer utilizando todo pequeño triunfo o ventaja ganada en el movimiento constante de nuestra fuerza.