¿Revoluciones o neo reformismo?

Isabel Rauber

En el proceso de confrontación con el poder hegemónico dominante del capital, los sectores populares despliegan, simultáneamente, sus capacidades de construcción de poder (saber, organización, conciencia), acumulación y posicionamiento territorial de fuerzas, de cultura, de organización política y de propuestas propias. En tales procesos desarrollan sus capacidades de gestión y administración de lo propio (gobierno), van construyendo poder propio y –en la misma medida , lo van ejerciendo. Es decir: el poder se va tomando en la misma medida que se va construyendo; se toma lo que se construye. Se trata –para decirlo en apretada síntesis de un proceso de empoderamiento colectivo y a la vez particularizado

Desde esta dimensión, el construir poder o el tomarlo no resultan caminos antagónicos. Implica sí, un andar sinuoso y complejo, en el cual el poder se va construyendo y, en ese sentido, conquistando: ejerciendo lo que se pueda ejercer, y cambiando todo lo que sea posible: legislación, instituciones, funcionamiento y toma de decisiones, desarrollando nuevas formas y contenidos democráticos, participativos, que permitirán avanzar –colectiva y conscientemente hacia lo nuevo en la misma medida en que se lo va construyendo

Esto supone la conformación de un proceso social articulado y orientado a la superación del sistema del capital basado en una (nueva) lógica alternativa propia, que también hay que ir construyendo

Requiere, por tanto, de la voluntad organizada y la participación consciente de todos los actores sociales. En primer lugar, porque su actividad cuestionadora y transformadora hace al proceso mismo y, en segundo, porque la sociedad anhelada habrá de ser diseñada y construida con la participación creativa de todo el pueblo, constituido en actor colectivo, protagonista del proceso (sujeto)

De ahí el contenido y alcance revolucionarios de la concepción que plantea transformar la sociedad y construir el (nuevo) poder, la nueva sociedad, desde abajo y desde el presente: no hay un después en cuanto a tareas, enfoques y actitudes se refiere. Lo nuevo –aunque de modo fragmentado e incipiente , se va gestando y construyendo desde el presente, en cada resistencia y lucha social enfrentada al capital, y se desarrolla y profundiza en todo el proceso de transformación. En él, el ejemplo ocupa el lugar pedagógico-político central. Es clave que quienes ocupan responsabilidades de dirección y liderazgo político y social no se olviden de ello: sus modos de actuar política y socialmente valen más que mil palabras

Ocupar espacios parlamentarios y gubernamentales es –cuando menos insuficiente Vale aclarar un punto: no se trata de tomar el poder que existe, ni de limitarse a ejercerlo accediendo y ocupando sus espacios parlamentarios y gubernamentales nacionales o locales mediante elecciones; el cambio social requiere poner fin al poder del capital, a su lógica de funcionamiento, y a sus mecanismos de hegemonía y dominación. Y esto tiene posibilidades de lograrse si se va construyendo una nueva cultura, nuevos modos de interrelaciones sociales, colectivas, grupales, comunitarias, alimentando sobre esa base el poder propio, creado y desarrollado con la participación de todos y todas, de modo que despliegue su independencia de pensamiento y acción encaminadas a la liberación individual y colectiva

Si se llega al poder con la misma cultura del capital, a la corta o a la larga se reproducen sus modos de funcionamiento, su lógica verticalista, autoritaria, explotadora, discriminadora, excluyente y alienante

Es vital por ello, entender que la construcción de poder propio conlleva la creación y construcción de una nueva cultura; no puede limitarse entonces a ser un «contrapoder». Es un camino de gestación de nuevos valores y relaciones, y, en tal sentido, liberador

De ahí el lugar central que ocupa en este proceso el desarrollo simultáneo y permanente de la batalla políticocultural

Esta constituye, a su vez, un complejo proceso de transformación creación -gestación construcción del nuevo poder popular (de los poderes populares). Y es precisamente por ello –junto a otras razones que la superación del capitalismo implica un largo proceso de transición hacia lo nuevo

Se trata de un proceso integral de transformación también integral: en lo social, económico, político, cultural, ético, jurídico, etc., todo se va transformando articuladamente marcado por la consciente actitud y actividad del actor colectivo protagonista del cambio. No se trata de diseñar (y transitar) primero una etapa dedicada a construir las bases económicas, luego otra destinada al cambio cultural… No hay etapas separadas entre sí que luego de transcurridas en sucesión temporal , den como resultado la nueva sociedad; en lo social, el todo no es la suma de las partes, salvo dialécticamente hablando, es decir, interconectadamente, lo que habla de intercondicionamiento, interdependencia e interdefinición entre todas y cada una de ellas

Solo por un camino integral será posible avanzar (de un modo integral), hacia una sociedad liberadora, desalienadora –que solo puede ser tal si es autodesalienadora , y en ese sentido formadora de nuevos hombres y nuevas mujeres, diseñadores y constructores de la utopía anhelada



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